Gravel Vallclara: Espíritu lúdico y paisajes mágicos de otoño

Tal como dicen los organizadores de esta convocatoria, la Gravel Vallclara es una salida de gravel entre amigos y conocidos, totalmente gratuita, con un recorrido pensado para disfrutar del paisaje. No se trata de una prueba competitiva, sino de un encuentro con ambiente festivo y buen rollo garantizado.
El nombre de esta propuesta proviene del pequeño núcleo de Vallclara, situado en el corazón de las Guilleries. Un magnífico lugar en plena naturaleza, donde un grupo de inversores decidió construir, en los años setenta, una urbanización de lujo y un gran hotel llamado Don Juan de Serrallonga, que acogió conciertos y espectáculos con artistas de renombre. Afortunadamente, la urbanización nunca prosperó. Hoy solo quedan los vestigios de aquel fantasmagórico hotel, y Vallclara sigue siendo un paraje natural y tranquilo, con el eco de lo que hubiera sido un gran proyecto.
La convocatoria, fiel a la tradición —y ya en su cuarta edición—, nos sitúa de nuevo en el pequeño y encantador municipio de Espinelves, conocido por su feria del abeto. Este año, el paisaje se ha confabulado con una combinación casi poética: una tímida nevada ha cubierto de blanco los lejanos picos del Pirineo, un frío punzante ha purificado el aire y un día radiante ha iluminado el entorno. Con estos ingredientes, la jornada es una invitación irresistible a pedalear por los rincones serenos y profundos del Espai Natural de les Guilleries-Savassona.
La ruta transcurre completamente por bosques majestuosos y densos, verdaderos tesoros de la naturaleza catalana. Pinos, robles, hayas, castaños y abetos americanos, plantados hace setenta años y conviviendo con la vegetación autóctona, se alzan imponentes, creando un entorno cautivador. La magia de los bosques se revela especialmente en las hayas otoñales, que transforman el bosque en un lienzo de colores cálidos: hojas doradas, naranjas y rojas cubren el suelo y bailan suavemente con el viento. Los rayos de sol atraviesan las ramas desnudas, dibujando un delicado juego de luz y sombra que parece inmortalizar cada rincón.
Los caminos, compactos y rodadores, serpentean entre sombras y luces filtradas por el follaje. El aire, fresco y perfumado, trae el aroma húmedo de la tierra, la resina de los árboles y el murmullo secreto del bosque. Cada rincón esconde un pequeño misterio: claros que se iluminan como tesoros, arroyos que susurran entre las piedras y un silencio que invita a detenerse y escuchar la vida oculta entre los árboles.
Junto a este paisaje desbordante, hay que destacar el espíritu altruista de los miembros de la organización, que no solo diseñan el trazado sino que preparan todo con cuidado y dedicación. Antes de comenzar, se sirve una bebida caliente para reconfortar el cuerpo y el espíritu, haciendo que las primeras pedaladas sean más agradables a pesar del intenso frío. En el núcleo de Vallclara, frente al gran hotel abandonado, encontramos un refrigerio con chocolate caliente y coca, y, al final de la ruta, un aperitivo y refrescos para recuperar fuerzas. A pesar de ser 100% gratuito, quien quiera colaborar puede hacer una aportación voluntaria mediante el sistema de taquilla inversa. ¡Sensacional!
Los principios de la Gravel Vallclara son una invitación a vivir el paisaje con cada pedalada, una experiencia lúdica que invita a la contemplación. No se trata de pasar rápido, sino de dejarse envolver por el bosque, respirar el aire fresco, oler la tierra y escuchar el crujir de las hojas caídas, dejando que cada rincón se convierta en un descubrimiento. La bicicleta deja de ser solo un vehículo y se convierte en un medio para conectar con los compañeros de ruta y con la naturaleza, disfrutando del momento y de la magia de cada instante.
¡Larga vida a la Gravel Vallclara!
https://www.instagram.com/gravelvallclara/
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